“El sabor de la derrota”

Con el pensamiento instalado en la retirada cada vez más cercana, al final ya de ese largo trayecto que fue su carrera, suspira sentado en el vestuario, envuelto en la niebla que le regala el agua caliente de las duchas y que le permite a él y a todo el grupo no sentirse ocultos, pero casi. Se empieza a desatar las botas empapadas mientras su rostro apunta al suelo, serio. Ha vivido éste instante tantas veces…

En el centro de la sala se amontonan medias enrolladas, camisetas que son ya de fango, tiras de esparadrapo y pantalones cortos. El suelo está sucio, embarrado. Son más de veinte las almas que comparten espacio y apenas se oye un susurro… Es el respeto que infunde la derrota.

En la victoria conviven el halago, las risas, los empujones al “pelotero” junto al que has ganado la batalla minutos antes, los comentarios nerviosos y atropellados que se solapan comentando esta y aquella jugada, los dolores que no duelen. Es en la victoria donde las diferencias que existen entre las personas acortan su distancia… Todo te parece bien del compañero, del técnico, del equipo y Los errores se afrontan con optimismo, incluso se bromea acerca de ellos. Todo viene rodado.

En la derrota, el silencio juega de nuevo el partido. Se juegan las jugadas que pudieron ser una y otra vez, ahora sin solución ya, en el alma de los perdedores. La derrota, esa situación en la que más difícil ser grande, importante, digno. “Nunca se sabe si te podrás levantar, hasta que no has caído una vez” se dice…

Le duelen los tobillos al quitarse las botas primero, y los vendajes después. Duele aquel golpe de hace tiempo, y duele la cintura quizá desde hace más… Con andar pesaroso entra en la ducha y mira hacia arriba. El agua caliente que golpea la cara no puede limpiar la herida en el amor propio, en el orgullo, que hará que el próximo domingo salga de nuevo una vez más, resistiendo a la edad que le arrincona sin remisión. Siempre cree que puede, y que podrá todavía muchas veces más, pero la juventud, encarnada en el fuerte y rápido rival, le devuelve a la realidad: “Esto se acaba”, piensa…

Desde ese momento comienza a aguzar el oído en las conversaciones, sintiendo la punzada del desprecio de aquel que no hace mucho lo sentía indispensable en el equipo. Se consuela entonces en los comentarios de las reuniones con amigos, casi siempre aludiendo a tiempos pretéritos, a aquellas hazañas que contadas poco tienen ya de similitud con la realidad, aquellas en las que las exageraciones en cuanto a número de contrarios, dificultad y capacidad de resolución recuerdan más a una novela de caballería que a una crónica deportiva. Va grabando esos últimos halagos en su mente. Los necesitará para sentir siempre que fue una parte importante de una historia…su historia.

Todos aquellos que lo adoraban, que lo encumbraron a ese Olimpo del goleador, la Estrella, el “Pelotero Caro”, lo critican ahora con ensañamiento y lo culpan de todos los males que arrastra la situación puntual del equipo, ya sea él realmente responsable o no. Está sentenciado.

La cabeza le dicta que ha llegado la hora de colgar las botas, la hora de pasar a disfrutar del espectáculo como espectador, sabiendo que esa sensación jamás compensa. Su alma sin embargo, le pide una victoria más, para sentir el placer que otorga el reconocimiento de un público que sabe que aún le quiere de verdad, para poder irse con la cabeza alta sin tener a recurrir al vacío protocolo de los homenajes, en los que recoge una placa y patea su último balón, retirándose del campo de la mano de su hija mientras le aplauden los dos equipos, el árbitro, y un público nervioso que desea que acabe ya el dichoso acto para que empiece a rodar el balón de verdad.

Acertar con el momento idóneo para irse de una vez del circo no es tan sencillo. Se trata de renunciar a lo que ha sido en los últimos años su modo de vida. Es cruzar la imaginaría pasarela que le lleva al mundo de los mortales de un día para otro. Es aprender a vivir de nuevo. Y no se aprende igual a vivir cuando se pierde. Por eso tiene que salir a ganar una vez más.

Él sabe que no puede empezar a vivir de nuevo desde el sabor de la derrota…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s